Mi capítulo favorito de Harry Potter.

Todos tenemos favoritos cuando de Harry Potter se trata, un libro, una película, una casa de Hogwarts, un personaje… Muchos tenemos también un capitulo favorito de la saga. La elección es tan difícil como en cualquiera de las categorías antes mencionadas pero aunque cueste siempre es bonito decidir. Yo en este caso lo tengo bastante claro.

Hasta que leí Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, mi capitulo favorito era “El espejo de Oesed” de Harry Potter y la Piedra Filosofal, siempre he estado muy personalmente implicado en el drama que fue para Harry la pérdida de sus padres y este capítulo en el que por fin los conoce me llegó al corazón. Tras seis libros llenos de momentos dramáticos, divertidos y emotivos ninguno había podido superar el cariño tan especial que yo tenía a ese capítulo.

Pero llegó el séptimo y con él “Otra vez el bosque”, este capítulo todavía no lo supero. Aquí Harry no solo se vuelve a encontrar con sus padres, también vuelve a ver a Sirius y a Remus en uno de los momentos más duros de su vida, cuando sabe que debe morir a manos de Voldemort. Las dos lágrimas que en su día derramé leyendo “El Espejo de Oesed” se habían transformado en dos ríos que amenazaban con empapar las páginas conforme las pasaba. Este recuerdo lo guardo para siempre y “Otra vez el bosque” el capítulo 34 de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte es mi favorito. Además el año pasado JK Rowling dijo que había sido uno de los capítulos que más le había costado escribir y lo señaló también como su capítulo favorito de la saga.

Para que no me digáis que me subo tarde al carro.

Y no me extraña nada porque este capítulo está increíblemente bien escrito. Es sorprendente la simpleza con la que trata un tema tan delicado como es el sacrificio que se requiere de Harry. Harry, después de todo lo que ha luchado por mantenerse a salvo durante todos estos años se da cuenta que ahora debe caminar lentamente hacia los brazos de la muerte. La mayoría del tiempo nos lo pasamos dentro de su cabeza, pensando en su sacrificio junto a él y JK Rowling hace un trabajo sublime explicando todo lo que Harry siente en lo que por entonces creía eran sus últimos minutos de vida.

La verdad, al fin. Tumbado boca abajo, con la cara sobre la polvorienta alfombra del despacho donde una vez creyó estar aprendiendo los secretos de la victoria, Harry comprendió que no iba a sobrevivir. Su misión era entregarse con serenidad a los acogedores brazos de la muerte. Pero antes de llegar a ese punto tenía que destruir los últimos vínculos de Voldemort con la vida, de modo que cuando saliera al encuentro del Señor Tenebroso sin alzar la varita para defenderse, hubiera un final limpio y se diera por concluido el trabajo que no se había terminado en Godric’s Hollow: ninguno de los dos viviría, ninguno de los dos sobreviviría.

El corazón le latía con violencia. Pensó que precisamente el miedo a la muerte lo hacía bombear con mayor vigor para mantenerlo con vida, pero se pararía, y pronto.

Sus latidos estaban contados… ¿Cuántos emplearía para levantarse, salir del castillo por última vez y cruzar los jardines en dirección al Bosque Prohibido?

Uno de mis momentos favoritos es cuando Harry siente una profunda decepción por no poder morir peleando, se da cuenta que su situación es peor que la de Remus o que la de Fred. Harry tiene tiempo de meditar lo que va a ser su muerte y  ve cómo va a requerir de su parte una valentía muy diferente a la que había mostrado hasta ahora. Una valentía muy parecida a la que mostró su madre cuando murió para salvarlo.

La narración vuelve una y otra vez a centrarse en Harry siendo consciente del latido de su propio corazón en cómo cada mínimo detalle de su vida se vuelve precioso ahora que está a punto de perderla.  Harry también nota de forma diferente el mundo a su alrededor, la brisa, el movimiento, los sonidos… Piensa en más de una ocasión lo mucho que desearía que alguien lo detuviera, que alguien supiera lo que estaba a punto de hacer y que no lo permitiera porque era demasiado duro, incluso para él.

Harry está enfrentándose por encima de todo a su deseo de no tener que elegir, quiere que alguien tome la decisión por él. Quiere que alguien detenga este sinsentido o morir sin previo aviso. En lugar de eso tiene que entregarse sin oponer resistencia al enemigo aceptando el fatal desenlace. La idea de su muerte de esta manera es contraria a la naturaleza de su carácter y es lo que hace la escena tan dolorosa de leer.

¡Ojalá hubiera muerto aquella noche de verano en que salió del número 4 de Privet Drive por última vez, la noche en que lo salvó la noble varita de pluma de fénix! ¡Ojalá hubiera muerto tan repentinamente como Hedwig, sin enterarse de nada, o lanzándose delante de una varita para salvar a algún ser querido! ¡Cómo envidiaba a sus padres por su manera de morir! Pero el paseo a sangre fría hasta su propia destrucción iba a requerir otro tipo de valor.

Harry sintió un escalofrío. Le dieron ganas de ponerse a gritar allí mismo; quería que Ginny supiera que estaba allí y se enterara de adónde iba. Quería que lo detuvieran, que lo obligaran a volver y lo enviaran a casa… Pero ya estaba en casa. Hogwarts había sido el primero y el mejor hogar que había tenido. Voldemort, Snape y él —los niños abandonados— habían encontrado un hogar en aquel colegio…

Harry Potter en este episodio entiende su destino y lo acepta con todas las consecuencias, su situación es un gran paralelismo con la de su antepasado Ignotus Peverel, dueño original de la capa de invisibilidad quien según la leyenda recibió a la muerte como una vieja amiga.

En el camino por el bosque prohibido Harry se da cuenta de todo lo que le une a Voldemort y piensa también en el sacrificio de Snape quien hasta hace pocos minutos había considerado su enemigo y lo que ambos tienen en común.

Es entonces cuando la idea de la piedra de la resurrección llega a su mente, “me abro al cierre”, y el enigma que Harry llevaba consigo desde que recibió la snitch de Dumbledore por fin se resuelve. Había llegado el momento, y Harry usó la piedra.

En un instante aparecieron junto a él Lily, James, Remus y Sirius, gracias a ellos el caos interior que está viviendo Harry  y su lucha consigo mismo se calman por un momento. Harry encuentra cada palabra de ánimo y de consuelo que necesita oír de las únicas personas que en esa situación tan delicada pueden ofrecérselas. “Te queremos Harry”. “Nos sentimos orgullosos de ti”. “No te va a doler”. “Estaremos contigo hasta el final”. Es preciosa en todos los sentidos, especialmente la disculpa de Harry con Remus, sabiendo el muy bien lo duro que es ser huérfano cuando piensa en Teddy Lupin.

—No quería que ninguno de vosotros muriera por mí —dijo Harry sin proponérselo—. Lo siento… —Y se dirigió a Lupin como para pedirle perdón—: Tu hijo acababa de nacer… Lo siento mucho, Remus… —Yo también lo siento —replicó Lupin—. Me apena pensar que nunca lo conoceré… Pero él sabrá por qué di la vida, y confío en que lo entienda. Yo intentaba construir un mundo donde él pudiera ser más feliz.

La escena es lo más emocionante que yo he leído en Harry Potter, además refleja como el apoyo de los tuyos cuando más lo necesitas es clave para enfrentarse a las situaciones más difíciles. Porque Harry no es Aquiles, no es Hércules, no es ningún héroe cuyo propósito siempre ha sido que llegara este momento.

—Harry Potter… —dijo en voz baja, una voz que se confundió con el chisporroteo del fuego—. El niño que sobrevivió. Los mortífagos no se movían, expectantes; todo estaba en suspenso, a la espera. Hagrid forcejeaba, Bellatrix jadeaba y Harry, sin saber por qué, pensó en Ginny, en su luminosa mirada, en el roce de sus labios… Voldemort había alzado la varita. Todavía tenía la cabeza ladeada, como un niño curioso, preguntándose qué sucedería si seguía adelante. Harry lo miraba a los ojos; quería que ocurriera ya, deprisa, mientras todavía pudiera tenerse en pie, antes de perder el control, antes de revelar su miedo… Vio moverse la boca de Voldemort y un destello de luz verde, y entonces todo se apagó.

Harry es simplemente un chico de 17 años al que una estúpida profecía dejó huérfano que debe enfrentarse a un destino demasiado cruel para cualquiera. Pero sigue adelante pensando en los demás, se encuentra con Voldemort y su último pensamiento lo ocupa la chica a la que quiere lamentándose de no haber podido despedirse de ella.

Y en ese momento todo se basa en quizá el elemento más importante de toda la trama.

La muerte.

Voldemort había empleado la mayor parte de su vida a evitar la muerte. Nada era más importante para él que su propia vida y por eso realizó todas las maldades posibles para protegerla y alargarla infinitamente. ¿Podría Voldemort en la situación de Harry haber hecho lo mismo? Nunca. Para Voldemort no hay bien mayor que sí mismo. Y esto es después de todo su punto débil durante toda la historia y la fortaleza de Harry.

Es por esto que al final Harry Potter en posesión de las tres reliquias se convierte en el “Amo de la muerte” porque en palabras de la propia JK Rowling “no se trataba de buscar la inmortalidad si no de saber aceptar la muerte”.

 

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